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Viaje parroquial a Tierra Santa

Hacía doce años que nuestra parroquia no organizaba un viaje a Tierra Santa, pero este año 80 feligreses han querido aprovechar la ocasión que se les brindaba de conocer la cuna del Cristianismo.

Pepita Calaf, catequista en Santa María y viajera incansable, ha querido compartir con todos nosotros las vivencias y emociones de ese viaje.

En primer lugar, ha subrayado la estupenda organización y el buen hacer de los dos guías, Walter y Ronit, que les acompañaron durante todas las salidas dentro de Israel (aunque durante la visita a Belén los guías eran originarios de Palestina). También ha querido destacar que los cantos de todas las celebraciones los dirigió Begoña, de la iglesia de Santa María, y al órgano contaron con la colaboración de Chelo Roy.

No vamos a explicar todos los lugares que tuvieron la suerte de conocer, pues ello haría interminable este artículo, pero sí destacaremos aquellos aspectos que nadie debería perderse si tiene la oportunidad de vivir la misma experiencia.

El primer día del viaje estuvo básicamente dedicado al vuelo con destino al aeropuerto de Tel Aviv y al alojamiento en el hotel. Cuando realmente comenzó la intensa semana fue al día siguiente al visitar la zona de Galilea. En la ciudad de Haifa acudieron al convento, cuna de la orden de los Carmelitas (los Carmelitas toman su nombre del Carmelo). Esta Orden tiene su origen en un grupo de ermitaños que en el siglo XII, imitando al profeta Elías, se establecieron en el Monte Carmelo. Junto a dicho convento está la iglesia de Stella Maris, que también visitaron.

Posteriormente se desplazaron hasta Nazaret para conocer la Basílica de la Anunciación, lugar donde el ángel Gabriel se le apareció a la virgen María. En su gruta, se celebró la Eucaristía.

El día concluyó en Caná, donde Jesús realizó su primer milagro (la conversión del agua en vino en unas bodas). Allí, los matrimonios del grupo renovaron su Compromiso matrimonial e, incluso, hubo una fiesta para celebrarlo.

Al día siguiente tuvo lugar el viaje al mar de Galilea (que, en realidad, es un lago), donde se vivieron momentos de gran recogimiento y emoción. Recorrieron el mar a bordo de un barco de madera y sonó “Els Segadors” mientras los tripulantes izaban una senyera. También bailaron a bordo y cantaron y se emocionaron con el “Pescador de Hombres”. Como en todas las paradas del viaje, se leyeron algunos fragmentos de los Evangelios.

Tras la travesía, continuaron hacia la montaña donde está la iglesia de las Bienaventuranzas. En dicho monte se celebró la Eucaristía, y posteriormente viajaron a Cafarnaúm, donde se encuentran la casa de San Pedro y la iglesia de Tagbha, cerca de los Altos del Golán. En dicha iglesia hay un mosaico que recuerda la multiplicación de los panes y los peces y no muy lejos de allí se encuentra la iglesia de Mesna Christi, donde Simón-Pedro tenía su embarcadero.

Finalmente, una de las situaciones más sobrecogedoras del viaje, tuvo lugar cuando el grupo llegó al río Jordán, donde San Juan Bautista bautizó a Jesús. Allí, Mn. Antonio recordó el Bautismo, uno a uno, a todos los miembros del grupo. Dos de ellos, incluso, se sumergieron completamente en las aguas vestidos con túnicas blancas.

En la jornada posterior, el grupo, de camino a la ciudad tres veces santa, Jerusalén, se desplazó al monte Tabor, donde Cristo se transfiguró ante tres Apóstoles antes de morir y resucitar. Allí se celebró la Eucaristía. En Beth Shean pudieron contemplar las ruinas de uno de los teatros romanos mejor conservados. A continuación, se dirigieron al Mar Muerto, donde visitaron las famosas ruinas de Qumran. Allí vivieron los esenios, secta judía, que llevaban una vida muy austera y dedicada al estudio e interpretación de la ley de Moisés. En el Mar Muerto, como no podía ser de otra manera, aprovecharon para darse baños de barro y flotar en sus famosas aguas, que son diez veces más saladas que las del resto de mares del mundo. Tras atravesar el desierto de Judea, llegaron, por fin, a Jerusalén. En el monte Scopus los guías les organizaron una ceremonia de bienvenida con pan y vino, que bebieron en unas pequeñas copas de madera.

Para finalizar, hicieron un recorrido nocturno por la ciudad. Tras atravesar el barrio musulmán, llegaron al Muro de las Lamentaciones, que, de noche, resultaba realmente impactante.

El quinto día fue especialmente intenso y se inició con la visita a la Capilla de la Ascensión, desde donde Jesús subió a los cielos. De allí pasaron a la Basílica del Padrenuestro, donde se pueden contemplar baldosas con dicha oración en infinidad de lenguas, y a la capilla franciscana de Domus Flevit.

En el Cementerio Judío pudieron contemplar cómo todas las lápidas de los difuntos son iguales, sin distinción de clases sociales y sobre las cuales se colocan piedras, que indican las visitas que recibe cada persona allí sepultada.

La siguiente parada fue en el Montes de los Olivos y la Iglesia de la Agonía, actualmente al cuidado de los monjes franciscanos. Un poco más abajo se encuentra el huerto de Getsemaní, donde Jesús oró la última noche antes de ser crucificado. También en Jerusalén el grupo acudió a ver la iglesia donde se encuentra la tumba de la Virgen María. Posteriormente, iniciaron el trayecto hacia Belén, para visitar el Campo de los Pastores donde, según la tradición, el ángel se apareció a los pastores para anunciarles el nacimiento de Jesús y después la Iglesia de la Natividad, donde se celebró la Santa Misa.

La sexta jornada se dedicó a visitar el barrio de Ein Karem para ver el Santuario de la Visitación y la Iglesia de San Juan. Después, los peregrinos de nuestra Parroquia fueron a conocer la Vía Dolorosa, donde Jesús comenzó su Vía Crucis, que lo condujo a la crucifixión.

Por la tarde visitaron la Iglesia de San Pedro in Gallicantu, donde se cree que se encontraba la casa de Caifás y que fue el lugar donde Jesús estuvo detenido, participando de su angustia al leer el fragmento que lo relata dentro de una de las celdas-mazmorra. También allí Pedro negó a Jesús en la noche del juicio y luego lloró arrepentido: de ese hecho toma el nombre esta iglesia. Continuaron hasta la iglesia de la Dormición de la Virgen María donde oraron ante una extraordinaria talla que refleja ese acontecimiento. A continuación se dirigieron al Cenáculo donde Cristo celebró la Última Cena e instituyó el Sacerdocio. Ahora es una Capilla franciscana, donde Mn. Antonio celebró la Eucaristía  y renovó sus Promesas como sacerdote.

Y por fin, tras una intensísima semana, llegaron al séptimo día, aunque el grupo no cumplió con el mandato bíblico de descansar, sino todo lo contrario. Fue una jornada completa  que comenzó a hora temprana en la Vía Dolorosa para realizar un Vía Crucis que culminó en el Santo Sepulcro, que es una iglesia de rito ortodoxo. Allí se celebró la Santa Misa de Resurrección. Posteriormente, se realizó un recorrido por el Barrio Judío que concluyó en el Muro de las Lamentaciones. Este muro constituye el lugar más sagrado para los judíos y es el último resto de lo que en su día fue el Templo de Jerusalén, en época de Herodes el Grande. Entre las rendijas de sus piedras los visitantes suelen introducir papeles con plegarias y súplicas a Dios. Después, una parte de los peregrinos visitó el Museo del Holocausto, que rinde tributo a las víctimas del régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Como despedida de un viaje tan lleno de emociones y sentimientos, hubo una comida con cantos, bailes, regalo de rosas y entrega de diplomas a los viajeros, como acreditación de su peregrinaje a Tierra Santa.

Damos las gracias a Pepita no sólo por contarnos la experiencia, sino, sobre todo, por el afán que puso en intentar transmitir las emociones y sensaciones que percibió a lo largo del viaje.

Íngrid Martínez

Peregrinación a Tierra Santa

Parroquia de Castelldefels