TEMPLO DE SANTA MARÍA
UNCIÓN COMUNITARIA DE ENFERMOS
17 DE JUNIO 11 HORAS
CHARLA PREPARATORIA 13 DE JUNIO
18:30 HORAS
LOCAL DE CATEQUESIS
LA IGLESIA MANIFIESTA QUE, ESTE SACRAMENTO ES ESPECIAL PARA EL AUXILIO DE LOS ENFERMOS, QUE LOS AYUDA ANTE LAS TRIBULACIONES QUE LA ENFERMEDAD TRAE CON ELLA
El día 17 de junio se celebrará la Unción de los enfermos a las 11 de la mañana en la iglesia de Santa María de la salud. Previamente el día 13 miércoles a las 18:30 se impartirá una charla preparatoria dirigida por Mn. Sala para las personas que vayan a recibir el sacramento –por supuesto toda la comunidad está invitada-
Los cristianos desde siempre han hecho suya la lucha de Jesús contra el mal y lo han expresado mediante el sacramento de la Unción de los enfermos. Por eso el apóstol Santiago nos recomienda.
“¿Está afligido alguno de vosotros? Que rece. ¿Esta alegre? Que cante. ¿Está enfermo? Que llame a los presbíteros de la Iglesia para que recen por él y lo unjan con aceite en nombre del Señor. La oración hecha con fe salvará al enfermo, y el Señor lo restablecerá y le serán perdonados los pecados que haya cometido” (Santiago 5,13-15)
LA ENFERMEDAD UNA SITUACIÓN DE ENFERMEDAD ¿POR QUÉ?
LA ENFERMEDAD es una de las situaciones criticas de la vida en que el cristiano necesita una ayuda especial del Señor y de la comunidad cristiana para poderla vivir humanamente y desde el Evangelio. “El hombre al enfermar gravemente, necesita una especial gracia de Dios, para que, dominado por la angustia, no desfallezca su ánimo, y sometido a la prueba, no se debilite su fe”
“La enfermedad-como dice el documento de la Comisión episcopal de Pastoral -La asistencia religiosa en el Hospital- es una experiencia decisiva en la vida de cualquier ser humano. Afecta a toda la persona, ya que, cuando uno enferma, enferma en su totalidad y entra en un mundo diferente del habitual y cotidiano. El equilibrio que caracteriza el estado de salud se rompe, y el enfermo entra en una crisis, cuyos rasgos más importantes se describen a continuación
“La enfermedad provoca una convulsión del mundo interior de quien la padece. El cuerpo se vuelve un compañero molesto y rebelde, desconocido y amenazador, y el enfermo se ve obligado prestarle mucha más atención que cuando estaba sano.
La enfermedad suscita la experiencia de la propia limitación y fragilidad, experiencia que obliga a cuestionar la imagen y la estima que tenía de si mismo antes de enfermar. No somos nadie, confiesan con frecuencia muchos enfermos.
La enfermedad afecta también a las relaciones y a la comunicación entre paciente y su mundo circundante: la familia, las amistades, el trabajo, la sociedad entera etc… La enfermedad no es, pues, un episodio intranscendente. Es un obligado y doloroso en el correr de la vida. De no tener tiempo para nada, el enfermo pasa a disponer de mucho tiempo para pensar y reflexionar. Surgen entonces casi inevitablemente las preguntas: ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Por qué he caído enfermo? ¿por qué me ha tocado a mí? ¿Qué he hecho yo para acabar así? ¿qué sentido tiene sufrir como yo estoy sufriendo? ¿cómo puede Dios permitir esto? ¿por qué Señor?” Solo el hombre cuando sufre-dice Juan Pablo II en la Salvici doloris-, sabe que sufre y se pregunta por qué, y sufre de una manera humanamente más profunda si no encuentra una respuesta satisfactoria.
El enfermo cristiano, obligado a reconsiderar y reorganizar su existencia en función de su nueva situación, requiere, junto a la normal atención medica, la presencia fraterna de la comunidad, la oración en común, la luz de la palabra de Dios, la presencia del Señor y de su Espíritu, el sacramento de la unción para
- afrontar su enfermedad con realismo y asumirla con paz con todas sus consecuencias
- recuperar la comunicación con los demás y acrecentarla
- mantener la serenidad, la paz y la esperanza
- comprender que, en el peor de los supuestos, no va hacia la nada
- descubrir el amor de Dios que ilumina con su Palabra y le robustece con su Fuerza
- descubrir ahí la presencia de Jesús, que sigue sanando, cargando con nuestra enfermedades y dolencias
- descubrir una nueva posibilidad de ser útil, evangelizar desde la enfermedad
El sacramento de la Unción proclama y celebra el encuentro sanador del enfermo con Cristo Resucitado, Médico y paciente. Jesús el Señor, por su Espíritu y gracias a un gesto sensible y visible de la Iglesia-la Unción y la oración en la fe-, sigue estando junto a cada enfermo, como compañero de viaje que comparte su existencia, la ilumina y la llena de sentido, asume y estimula su deseo de curarse dándole una significación más profunda le infunde aliento, coraje y paciencia en la lucha por su curación , le consuela en la angustia y robustece en la inseguridad, le ayuda a sobreponerse ante la situación irremediable y a asumirla con entereza, despierta su confianza en el Padre y renueva su capacidad de seguir amando a Dios y a sus hermanos aun en medio del dolor. Jesús le comunica la gracia del Espíritu Santo, el don por excelencia
Jesús cura- sana-salva a la persona entera, le ofrece en la curación corporal la sanación interior de la persona; la libera de la culpa y la reconcilia con Dios, la abre al mensaje de la Buena Nueva… le devuelve la paz y la salvación total de parte de Dios.
Por la presencia eficaz del Espíritu de Jesús la enfermedad pierde su carácter más duro y puede convertirse para el que la padece en una ocasión de enriquecimiento interior.